divendres, 21 de gener del 2011

Integritat i política

[Opinió. Publicat el 21/1/2011. Web ací]

Què és pitjor? Que els polítics que cometen delictes eviten amb argúcies o amistats ser processats, que prescriguen els seus delictes o que tinguen condemnes ridícules? Per a la moral col·lectiva, tal vegada el pitjor no siga això, sinó comprovar que, poc temps després, reixen i, amb un total desvergonyiment, es posen a donar lliçons d'ètica; el pitjor és constatar que freqüentment la societat és moralment amnèsica.
Una ullada a la informació que hi ha a internet sobre el Watergate ens ho il·lustra. Dels plumbers o llanterners de la trama, G. Gordon Liddy, que després del procés va fer algun cameo en Corrupció en Miami i McGyver (tot molt escaient!), és assidu de tertúlies radiofòniques i del conservador canal Fox. Circula amb un esportiu amb la matrícula H2OGATE. L´agent de la CIA E. Howard Hunt ha publicat 19 novel·les després de l´escàndol. Tot un èxit. John Mitchell, fiscal general de l´Estat i peça clau per desviar els fons, fou condemnat per conspiració, obstrucció a la justícia i perjuri. Encara que potser ha sigut el càrrec més alt condemnat en la història de l´administració nord-americana, fou soterrat amb màxims honors militars a Arlington per la seua actuació en la II Guerra Mundial. Pel que fa als assessors de Nixon, John Dean es dedicà a les inversions, a l´arxivística i a escriure llibres també. Viu a la prestigiosa Beverly Hills. John Ehrlichman arribà a vicepresident d´una important empresa d´Atlanta de matèries perilloses (aquesta gent sap de narracions i matèries perilloses, algú ho dubta?).
Als advocats condemnats, Donald Segretti i Egil Krogh, també els ha anat bé. A Segretti li dedica una seqüència memorable a Tots els homes del president. L´advocat (Robert Walden) li explica al periodista Carl Bernstein (Dustin Hoffman): «Vosté què hauria fet recent llicenciat, sense saber si podrà exercir... i un dia rep la telefonada d´un vell amic, preguntant-li si vol treballar a les ordres del president...». Després de la condemna, Segretti va refer el seu bufet i arribà a presentar-se a jutge d´Orange, un comtat de Califòrnia amb més de tres milions d´habitants, encara que es va retirar en ser reconegut. Formà part de l´empresa African Wireless, relacionada amb Vodafone per estendre la telefonia mòbil al continent africà. En la biografia de la pàgina corporativa encara es llig: «Va treballar en el desenvolupament del negoci de les comunicacions». Clar!
Egil Krogh va fundar una firma prestigiosa i consten les seues notables donacions públiques a les campanyes de republicans... i demòcrates. Recentment va presidir la secció World Peace Through Law del Col·legi d´Advocats de Washington. Amb el seu fill Matthew publicà en 2007 un llibre amb el títol Integrity. I què és la «integritat» però a la colla dels corruptes sinó una paraula?
Fa 2.500 anys, Sòfocles ja va fer dir al seu Èdip rei en la tragèdia homònima: «El qui no té por d´un acte, menys s´espanta d´una paraula». Ells no han tingut por i nosaltres, cada dia que passa, amb la moral més endormiscada.

divendres, 14 de gener del 2011

Un libro feliz

[Posdata. Publicat el 14/1/2011. Pdf ací]

En dos ocasiones, el capitán de los bomberos pirómanos de la película Farenheit 451 argumenta la necesidad de quemar la Ética a Nicómaco de Aristóteles y todos los libros sobre la felicidad, porque, le dice al protagonista, no podemos leerlos todos y así conocer lo pertinente sobre el tema, y esa incapacidad puede ser precisamente motivo de desdicha, y, además, si unas personas los leen y otras no, eso causa desigualdad, una situación prohibida en aquella disutopía futurista que imaginó Ray Bradbury.
En una colección de su filial Insel, caracterizada por ediciones particularmente esmeradas, la editorial Suhrkamp inició en el año 2007 una serie de libros muy breves, cuyos títulos son conceptos básicos como el amor o la felicidad. Aunque los autores elegidos tenían sesudos tratados sobre los diversos temas, en esta colección se recogían sólo síntesis breves y sencillas, tan claras como su diseño. Del éxito de la serie dan cuenta sus múltiples reediciones y traducciones, así como sus versiones en forma de audiolibros. De esa colección, la editorial valenciana Pre-textos ha publicado el librito La felicidad, que tiene el enigmático subtítulo Todo lo que debe saber al respecto y por qué no es lo más importante en la vida. Su autor es Wilhelm Schmid, nacido en 1953, que se presenta como “filósofo libre”, esto es, que sólo imparte esporádicamente clases como profesor invitado, y que ejerce de “asesor mental y espiritual” (literalmente: cura de almas) en un hospital de Zürich. Pre-textos ya publicó en el año 2002 su obra En busca de un nuevo arte de vivir. Por tanto, la colección de origen y la peculiaridad del autor acreditan el interés de la obra.
El libro pretende aportar un “momento de reflexión”; ser un breviario para que el lector “establezca para sí lo que entiende por felicidad”. Está compuesto de diez capítulos, agrupados en dos partes. En la primera, Schmid repasa los conceptos de felicidad, a saber: la dicha ocasional producida por un golpe de suerte o fortuna, el bienestar causado por una maximización del placer y una minimización del dolor, y la plenitud duradera, que incluso puede albergar momentos infelices. Con una redacción convincente, austera y sin pedantería en las referencias filosóficas clásicas, el autor se enfrenta con éxito a la explicación de la pluralidad de nociones y las diferencias terminológicas con las que tratan de la felicidad las lenguas antiguas, las románicas y las anglosajonas, cuyas equivalencias no son exactas, lo que además permite entrever el cuidado con el que Carmen Plaza y Ana R. Calero han traducido el texto. En síntesis, el autor nos presenta la búsqueda estoica de la imperturbabilidad de la plenitud como superior al esfuerzo epicúreo del logro, siempre precario, del placer.
A partir del capítulo quinto, Schmid da un giro a su argumentación: aquella pluralidad de significados de la felicidad no es más que un indicio de nuestra necesidad de encontrar un sentido a nuestra vida. No es la dicha, el placer o la plenitud, lo importante en la vida, sino el sentido de ésta, por lo que conseguir la felicidad, que generalmente es evanescente, no debe obsesionarnos. Es por esto que, algún comentarista ha hablado incluso de un “libro anti-felicidad”. Si en la primera parte Schmid recurría con un estilo brillante a la pauta de las corrientes éticas helenísticas (escepticismo, eclecticismo, epicureísmo, estoicismo), en la segunda apela más bien a la hermenéutica clásica (tal vez al teólogo Schleiermacher, sin citarlo): el sentido es la conexión. Una conexión no es sólo un nexo común a dos cosas como pudiera entenderse de la palabra castellana, sino un estado en la que esas cosas están anudadas, penden o de-penden en común de algo en lo que quedan engarzadas o arracimadas, una coherencia o contexto (Zusammenhang, en alemán). Simplificando: más una ristra que un cable. Los sentidos (vista, tacto, etc.) no son meros canales, sino medios gracias a los cuales nos incardinamos en la coherencia del mundo. El sentido de una obra no es sólo la intención de su autor, sino la manera como se engarzan sus partes y como nosotros mismos quedamos prendidos en ella. A partir de la riqueza semántica del Zusammenhang, Schmid organiza su teoría del sentido, que corrige el estoicismo precedente y se aboca a un trascendentalismo suave, no exento de problemas teóricos (como cuando postula: “pensar en cruzar la frontera, independientemente de la realidad (sic)”, p. 56). Naturalmente, ejemplificar la dotación de sentido por el establecimiento de “conexiones” tiene riesgos por la dificultad de contabilizarlas, así como también tener que generalizar sobre “tendencias contemporáneas” o “sociedades modernas”, y en algún punto, el argumento se resiente. Del mismo modo, por el hecho de que Schmid no contemple otras alternativas a su hilo argumental, como, por citar un ejemplo, los textos del viejo Max Horkheimer que acometían idéntica empresa, pero relacionando el sentido con el anhelo de justicia (un claro precedente de la lucha por el reconocimiento de Honneth). Pero estas críticas posibles no menguan la capacidad del texto para provocar la reflexión del lector y animarle a continuar su lectura con otras obras similares, como algunos de los libros sobre la eudaimonía incluidos por Schopenhauer en sus Parerga y paralipomena o, mejor aún, la Introducción a la sabiduría de nuestro olvidado Luis Vives, obras breves como la comentada, que comparten su pretensión y claridad.
Schmid o Vives podrían haber replicado a aquel capitan de los bomberos que incineraban libros que aunque no lo podamos leer todo, siempre podemos obtener felicidad de una buena lectura y, más aún, si ésta versa sobre la felicidad y está bien trabada, y además, que en la necesidad de encontrar sentido a nuestra vida todos los seres humanos somos radicalmente iguales, aunque las respuestas sean distintas.

divendres, 5 de novembre del 2010

Lanzmann. Allò que no es pot filmar

[Posdata. Publicat el 5/11/2010. Pdf ací]

Ara fa vint-i-cinc anys es va estrenar Shoah, una pel·lícula de Claude Lanzmann que podria considerar-se el millor documental de la història del cinema. La commemoració coincidirà amb la publicació de la traducció castellana de la voluminosa autobiografia del seu director, que més bé s'ha dedicat al periodisme i l'assaig, i que fou editada a França l'estiu passat amb el títol La llebre de la Patagònia. Al llibre, Lanzmann explica la singularitat del seu film. El director pretén documentar cinematogràficament allò que no es pot filmar, i és aquesta pretensió impossible la que el du a una peculiar gramàtica visual. Hi ha molts documentals sobre els camps de concentració, i alguns en són extraordinaris, com el que el realitzador valencià Llorenç Soler dedicà a Francesc Boix, el cautiu que, en ser encarregat de fotografiar l'activitat del camp de Mauthausen i conservar arriscadament els negatius, esdevingué testimoni central en el Procés de Núremberg. La pretensió de Lanzmann no és filmar les víctimes, sinó conduir la mirada de l'espectador al límit inefable, al punt en el qual la mort es fa present dins la cambra de gas. No pot, per tant, fer una reconstrucció dramàtica, que l'espectador ja identifica d'entrada com una ficció; i que tampoc haguera servit per evidenciar la barbàrie una eventual filmació que s'hagués conservat (fins i tot, diu Lanzmann, que cas d'existir s'hauria de destruir), perquè igual que passa amb els assassinats que filmen terroristes o narcotraficants i que es poden veure a internet, produeix una trivialització de la mort. L'única possibilitat és construir un llenguatge propi, en el qual l'espectador veja pels ulls d'aquells que foren els últims en veure, és a dir, els presoners que formaven els grups especials que preparaven les víctimes o retiraven i cremaven els cadàvers. Calia seguir la mirada d'aquests «morts ajornats».
Lanzmann vol, a més, entendre aquells que col·laboraren en l'extermini, des dels responsables nazis fins als funcionaris dels ferrocarrils. Per això, la pel·lícula s'estructura com una el·lipse amb dos focus, que corresponen als testimonis d'Abraham Bomba, un perruquer de Częstochowa que tallava el cabell a les dones abans que entraren a la cambra de gas de Treblinka, i Henrik Gawkowski, un maquinista que conduïa els trens a la rampa del mateix camp (i que apareix al cartell de la pel·lícula). Relata l'autobiografia com, en els dos casos, el documental se serveix d'un artifici. Lanzmann localitza Bomba treballant en una perruqueria de la tan cinematogràfica Central Station de Nova York, i el convenç d'aportar el seu testimoni. Però quan, anys després, el director disposa dels mitjans per produir el documental, Bomba ja s'ha jubilat. El retroba a Israel, i és Bomba qui li proposa al director fer l'entrevista en la perruqueria d'un amic. Mentre Bomba talla el cabell d'un client, Lanzmann li pregunta per la seua activitat a Treblinka. Es comuniquen en un anglés molt simple, que no és la llengua de cap dels dos. El perruquer, que comença a descriure parsimoniòsament i acurada la seua funció, poc a poc baixa al cor de les seues tenebres interiors. Lanzmann insisteix en les preguntes. La càmera assetja els ulls plorosos d'aquest que va veure com, fins i tot, un col·lega hagué de tallar el cabell a la seua família. Quinze minuts sobre l'horror absolut en una tranquil·la perruqueria de Tel Aviv: una seqüencia per a la història, i no només del cinema. També Henrik Gawkowski, el ferroviari ja jubilat, aconsegueix conduir un vell de tren de carbó per al documental en les vies de la que encara era República Socialista de Polònia. Lanzmann relata com va ser un comentari d'aquest maquinista, compartint un got de wodka a la seua cabanya de Treblinka, el fet que l'il·luminà sobre el fil conductor de la seua pel·lícula. Lanzmann li pregunta: «Vostè amollava el tren allà, a la rampa?» I Gawkowski fa un gest de protesta: «No l'amollava, el dipositava acuradament». Aquell home era un bon conductor, feia les coses ben fetes. En aquest punt, la pel·lícula de Lanzmann va un pas més enllà que l'estudi de Hannah Arendt sobre el procés de Eichmann a Jerusalem. No hi hagué només banalitat, funcionaris grisos com el mediocre Eichmann, cumplint l'expedient, sinó dedicació acurada, innovació, imaginació aplicada al perfeccionament de la indústria letal. Lanzmann llig a càmera, per exemple, un memoràndum remés a l'empresa Sauber amb propostes de modificacions de la caixa dels seus camions, convertits en cambres de gas ambulants, per fer més eficient el seu ús genocida: reforçar la llum, reduir la caixa, millorar el drenatge... Quan l'historiador Raul Hilberg explica que una simple lletra «l» (de l'alemany leer, buit) en el duplicat del permís de circulació d'un tren de la mort, referida a l'itinerari de tornada del camp de concentració, deixa en evidència la versió oficial del responsable de ferrocarrils Walter Stier: no sabíem res del que passava, només a la fi de la guerra hi havien remors... però ningú no eixia d'allà, els trens tornaven leere. Hilberg ho explica: els testimonis moriran, només quedaran els documents. I Lanzmann ho sap bé, per això fa Shoah. Gravat amb càmera oculta, Franz Suchomel, guàrdia de les SS en Treblinka, li canta a Lanzmann, que s'hi fa passar per historiador canadenc, la cançó marcial que obligaven a aprendre's en un dia als presoners jueus que integraven en els comandos especials. «Prenga bona nota», li diu. «Ja cap d'aquells jueus li la podrà cantar». És per aquesta necessitat de construir un document que parle d'allò inefable que Lanzmann no inclou material d'arxiu, i es resisteix a deixar fora seqüències fins el punt que la pel·lícula dura més de nou hores.
Mentre la càmera de Lanzmann, de manera obsessiva es desplaça i ens fa recórrer les vies, les rampes, les portes d'accés, fixa acuradament la posició de les tanques, el dins i el fora, l'itinerari de la mort, apareixen les entrevistes, les escassísimes lectures de Lanzmann de documents, com la dels camions Sauber. Pràcticament no hi ordre cronològic. Per exemple, una de les últimes parts de la pel·lícula es refereix al Gueto de Varsòvia i al seu dirigent d'Adam Czerniákow, qui es va suicidar el dia que partiren els primers deportats. Ni tampoc hi ha una ordenació espacial, un ordre de camps. Passem d'Auschwitz a Treblinka, a Belzek o Sobibor, de les deportacions des de Corfú al castell de Chelmno. Lanzmann entrevista a Martha Michelsohn, la dona d'un funcionari nazi hi destinat. Lanzmann: «Sap Vosté quants jueus foren assassinats ací?» Ella dubta: «Quatre mil? quaranta mil?» El director li respon: «Quatrecents mil». Ella: «Ja sabia jo que tenia un quatre ». A Chelmno només hi hagué dos supervivents. Lanzmann torna al poble amb un d'ells, Simon Srebnik. El posa davant la porta de l'església i entrevista el grup de veïns que l'envolten. Els més vells encara el recorden, un jovenet de tretze anys, arrastrant grillets i cadenes i amenitzant les tropes alemanyes amb la seua veu melodiosa (això el va salvar). Però poc a poc, el grup que envolta Simon comença a justi ficar el que esdevingué: «Tenien or amagat...», «Mataren Jesucrist». Aquesta seqüència posa imatge a l'advertència que el filòsof Adorno havia fet vint anys abans: Auschwitz ha existit, però encara gravita sobre nosaltres com a possibilitat.
El cinema començà amb la filmació del germans Lumière del tren que arribava a l'estació de la Ciotat i té una de les obres més notables en aquest documental de trens que deambulen per Europa, que van a la recerca de camps de concentració i extermini, d'espais sense futur, carregats de morts ajornats, i tornen buits per refer el camí, i als quals ferroviaris com Gawkowski dipositaven acuradament en les rampes de Treblinka o Auschwitz

divendres, 24 de setembre del 2010

La última maleta, el último libro


[Posdata. Publicat el 24/9/2010. Pdf ací. Jpg ací i ací]


[Article signat per Francesc J. Hernàndez i Benno Herzog]

La correspondencia entre Gretel Karplus, de casada Gretel Adorno, y Walter Benjamin se compone de 180 cartas, aunque en ellas se mencionan varias decenas de epístolas más que se han perdido. La primera carta conservada es de 1930 y la segunda de 1932. A partir de la tercera carta, de 1933, el epistolario muestra un trato singular entre los dos corresponsales, que se presentan con pseudónimo, como Detlef Holz y Felizitas, y que expresan mediante su epistolario una relación privada que se ubicaría, como escribe ella, en un terreno entre la amistad y el amor.
Hasta su suicidio en 1940, Benjamin da cuenta en sus escritos a Felizitas de sus dificultades y sus viajes. Ella le presta un apoyo continuado y le transmite sus preocupaciones y sus esperanzas. Felizitas organiza la biblioteca que Benjamin deja en Alemania, le hace envíos de cuadernos para notas y cartas, le mecanografía los manuscritos e intercede por él ante Theodor W. Adorno, con el que contraería matrimonio, y ante el director del Instituto de Investigación Social de Frankfurt, Max Horkheimer, que fueron los principales valedores del ensayista en este período. La complicidad entre Felizitas y Benjamin se sustenta probablemente en un origen común (los dos eran berlineses) y en una cierta propensión melancólica. Ambos se sinceran sobre el valor de esa relación secreta en medio de sus dificultades y enjuician sin tapujos a las personas con las que tratan, entre ellas el nutrido grupo de intelectuales con los que se relacionaron: Brecht, Scholem, Tillich, Kracauer, Eisler, Bloch, Lazarsfeld, Löwenthal, Sohn-Rethel, etc., así como, naturalmente, a los miembros del Instituto de Investigación Social.
Las últimas cartas que intercambian Felizitas, ya en su exilio en Estados Unidos, y Benjamin, que dirige sus cartas desde París, el campo de trabajo de Nevers y Lourdes, reflejan bien el drama que viven. Por ejemplo, el 31 de mayo de 1939, Gretel habla de la exposición en Nueva York del Gernika de Picasso; el 7 de julio le cuenta que Horkheimer, también en el exilio, ha concluido un ensayo sobre el fascismo; el 15 del mismo mes escribe: “Dos meses y medio y nos volveremos a ver”.
El pronóstico falla. El 1 de septiembre las tropas alemanas invaden Polonia. El 9 de ese mes Felizitas le escribe, a propósito de la guerra que ha comenzado, “nadie sabe realmente qué está pasando”. Benjamin tiene que posponer su viaje. Se concentra en sus obras, el libro de los Pasajes y el estudio sobre Baudelaire, así como el opúsculo con las tesis de filosofía de la historia, y en nuevos proyectos que no llegó a desarrollar, como una comparación entre Rousseau y Gide. El 8 de julio de 1940 recibe la última carta de Felizitas que, escribe, le llena de una alegría que no había sentido desde hacía tiempo. El 19 de julio, Benjamin remite la última carta que hemos conservado de ese intercambio epistolar desde Lourdes. Pretende atravesar España para embarcar desde Portugal a los Estados Unidos. No lo conseguirá.
Después de cruzar clandestinamente los Pirineos, la policía española le cierra el paso en Portbou. En un pequeño hotel se suicida la noche del 26 al 27 de septiembre. Inmediatamente es enterrado. En la última carta a Felizitas y para darle una idea de su situación, le describe lo que lleva en la maleta: sólo una máscara de gas y los efectos de aseo. Únicamente acarrea un libro: las Memorias del cardenal de Retz. Comenta: “Así, solo en mi habitación, apelaré al Gran Siglo”. No es fácil determinar qué edición del libro escogió para su último viaje.
Hacia 1675, Jean-François-Paul de Gondi (1614-1679), cardenal de Retz, comenzó a redactar unas memorias que ocuparon miles de páginas. A causa de ello, todas las ediciones desde la de 1717 se dispusieron en varios volúmenes, de dos a seis según los casos. Por ello, es probable que el libro que acompañaba a Benjamin en su paso por los Pirineos fuera la selección de fragmentos publicada en 1913 y reeditada en 1928 como Mémoires. Meilleurs pages.
¿Por qué Benjamin, un especialista de la literatura francesa del siglo XIX y XX, eligió para su último viaje aquel libro de un eclesiástico intrigante del XVII? Gondi, activo en las revueltas de la Fronde, también sufrió la animadversión del déspota (Luis XIV), el encarcelamiento, la huida y el exilio. De hecho, se escapó de la prisión en Belle Ile (Bretaña) en septiembre de 1654 y llegó a su refugio en Roma ochenta días después, atravesando la Península Ibérica (por cierto, el 14 de octubre embarcó en Vinaròs rumbo a Palma). ¿Inspiraría el infortunio del exiliado Gondi, reelaborado ampliamente en sus Mémoires, a Benjamin? Nada sabemos. Ni siquiera, como glosa bien el documental de David Mauas Who killed Walter Benjamin?, el destino de su precaria maleta. Así que si encuentran un volumen de las mejores páginas de las memorias del cardenal de Retz en algún anticuario o biblioteca de L'Empurdà no duden en escribirnos.

diumenge, 5 de setembre del 2010

Una píndola de cianur


[Opinió. Publicat el 5/9/2010. Web ací. Jpg ací]

Ara fa setanta anys, el 26 o 27 de setembre de 1940, l´escriptor berlinés Walter Benjamin posava fi a la seua vida amb una píndola de cianur. Fugia de l´avanç de l´exércit alemany. Havia arribat a Portbou des de França per un camí de muntanya. Les autoritats espanyoles li impediren continuar viatge cap a Portugal i agafar un vaixell als Estats Units. Un poblet de pescadors. Un nus ferroviari. L´habitació d´un hotel. Una breu carta al matrimoni de Theodor W. Adorno i Gretel Karplus, que l´esperaven a Amèrica. Una llarga agonia. Un soterrament ràpid.
Potser després d´aquest començament, el lector espere que l´articulista li parle del drama de la immigració. No paga la pena, perquè el lector ja té preparada la resposta tranquil·litzadora: no tota immigració condueix al suicidi. O potser espere que l´articulista divague sobre l´escriptor i el viatge, o sobre l´intel·lectual i la frontera, o la pesca i els ferrocarrils com a metàfores de la vida i la mort, o coses així, reflexions benintencionades entre glop i glop de café. Tampoc és el cas, perquè l´articulista no vol augmentar el repertori d´arguments tranquil·litzadors dels quals disposa el lector, sinó tot el contrari.
Benjamin formava part d´una constel·lació (el concepte és seu) d´intel·lectuals que coincidiren en un diagnòstic que ens hauria d´intranquil·litzar: allò que passava als anys 30 del segle passat no era només l´encadenament fatal de la crisi periòdica del capitalisme amb el predomini de l´estatalisme bel·licista, sinó que també estava en joc la metamorfosi de la consciència de les persones. Per a ells, la subjectivitat dels humans era contínuament transformada (indústria cultural, mitjans de comunicació, propaganda), les persones esdeveníem «massa», les consciències es cosificaven i, al remat, la llibertat, la igualtat o la fraternitat significaven menys que la marca d´un dentrifici. Tot això representava una regressió de la consciència. El problema era -i és- que no hi havia una base teòricament sòlida des de la que poder entendre i superar aquesta regressió. I això perquè la nostra subjectivitat no està feta d´una etèria matèria natural al marge de la història, ni la història marxa pels carrils ferms del progrés. Ni tan sols l´habilidosa raó humana pot proporcionar aquella base, una vegada ha mostrat com es capaç de construir camps d´extermini atenent estrictes criteris tècnics.
Els escrits de Walter Benjamin sobre literatura o art, sobre drogues o somnis, sobre la infància o sobre París, tenen en comú aquesta preocupació per copsar les metamorfosis de la consciència. Altres escriptors amb els quals es va relacionar estudiaren també aquestes transformacions en camps com el cinema i els mitjans de comunicació, les noves configuracions socials o la música contemporània, la filosofia o les creences religioses. Hi ha prou en fer esment de T. W. Adorno, B. Brecht, H. W. Eisler, M. Horkheimer, L. Löwenthal, S. Kracauer, G. Scholem o A. Sohn-Rethel.
Ara estem patint la crisi global del capitalisme més important des de la que va esclatar el 1929 i confiem en superar-la sense desencadenar una altra Guerra Mundial. I això, encara que aquells elements que fa setanta anys s´associaven amb la metamorfosi de la consciència (mitjans de comunicació, propaganda, indústria cultural) tenen avui una força i una presència hiperbòlicament major. Per això, el record del suïcidi de l´escriptor a Portbou ens deixa davant una qüestió que no té resposta tranquil·litzadora: ¿superarem la crisi amb regulacions (polítiques, econòmiques) o haurem d´enfrontar també la letàrgia de la nostra subjectivitat, els impactes que la tornen insensible a la compasió o cega davant la dignitat de l´altre? Bon profit amb el café.

divendres, 2 de juliol del 2010

Defensa judicial o estratègia electoral?


[Opinió. Publicat el 2/7/2010. Web ací. Jpg ací]

L´electorat del PP és com un búnquer. Periòdicament, els baròmetres del CIS inclouen la qüestió: «Suposant que demà se celebraren eleccions generals, és a dir, al Parlament espanyol, a què partit votaria vosté?» Si relacionem la resposta amb el record de vot a les darreres eleccions, sembla apuntar-se una conclusió notable: el percentatge de persones que votarien PP i recorden haver votat al mateix partit és clarament superior a les que votarien PSOE i ja ho feren en les darreres eleccions. Simplificant, podríem dir que el PP s´afanya més en mantenir els seus votants i el PSOE en captar-ne de nous. No és difícil relacionar aquesta divergència amb l´estratègia de crispació permanent del PP, fora del qual només hi haurien aliances malignes (el vell tema de l'anti-Espanya). Del que es tracta és de no perdre votants. I és per això que, segons els baròmetres, hi ha deu vegades més votants del PSOE que passarien a votar PP que a l´inrevés. Els todòlegs dels mitjans de comunicació vinculats al PP fan bé la seua funció: quan insulten reiteradament no tenen la boca calenta, sinó la ment freda, ja que volen reforçar la fidelitat dels seus votants.
Potser siga aquesta estratègia electoral de no perdre votants la que dóna la pauta de la defensa de Francisco Camps, Carlos Fabra i altres responsables del PP relacionats amb processos judicials. En el cas del president de la Generalitat, ja hem vist la insistència en presentar-se com a víctima d´aliances malignes i la seua activitat semblaria adreçada a buscar una identificació amb les capes mitjanes de l´electorat, indispensables per mantenir el govern de la Generalitat. Ell seria el paradigma d´aquella simbiosi de religiositat i dedicació que ja Max Weber va identificar com l´esperit del capitalisme. Ell palesaria el seu caràcter emprenedor amb els seus viatges continus i el seu interés per portar-nos el millor d´Europa o del món. Ell, amb ben pocs diners al banc i amb una dona farmacèutica que manté la seua botiga, representaria millor que ningú aquestes capes mitjanes hostigades per una crisi desencadenada per una aliança maligna d´especuladors indesitjables. Potser ha comés errors (això diu algun dirigent del PP), però, què no fa un emprenedor pel seu negoci?
Mantenir la identificació amb les capes mitjanes vol dir també allunyar-se de la identificació amb la classe treballadora. Com acredita la història, hi ha un potencial polític immens en la por de les capes mitjanes a proletaritzar-se, sobretot en temps de crisi econòmica. Potser per això, el president mai parla dels treballadors en primera persona, sinó des d´uns llimbs de les relacions laborals, i trobareu al tio Paco més prompte amb una minoria ètnica que amb un comité d´empresa.
L´esquerra no hauria de tractar Camps o Fabra com polítics zombies, que diria el sociòleg Ulrich Beck. Potser darrere de viatges intempestius o argúcies judicials hi ha una estratègia electoral coherent amb les característiques de l´electorat del PP. I en tot cas, amb les respostes del tipus «i tu més» i l´hostilitat semblaria que el PSOE té més a perdre.

divendres, 6 de novembre del 2009

Honneth vs. Sloterdijk: Duelo sobre el futuro del mundo

Postdata , 6/11/2009
Benno Herzog - Francesc J. Hernàndez


¿Qué hemos aprendido de la crisis económica? Dos prestigiosos filósofos alemanes, Peter Sloterdijk y Axel Honneth, se han enzarzado en una polémica a propósito de la crisis, que ha provocado una larga serie de artículos en la prensa centroeuropea. Quienes han encabezado esta querella son catedráticos de perfil contrapuesto. Sloterdijk, docente en Karlsruhe, es dado al análisis cultural (la editorial valenciana Pre-text os ha publicado buena parte de sus obras) y no elude los platós, donde aporta su ánimo transgresor. Honneth, director del Instituto de Investigación Social de Frankfurt, es el sucesor de lo más notable de la sociología y la filosofía crítica del siglo XX: Horkheimer, Adorno, Marcuse y su maestro Habermas. 

Precisamente ahora hace 10 años,Sloterdijk ya polemizó con Habermas a propósito de un texto del primero sobre las técnicas genéticas. El tema ahora es la crisis económica. 

Como se recordará, después de la quiebra de Lehman Brothers, proliferaron las declaraciones sobre la extensión de la crisis económica y sus soluciones. Salvo los enmudecidos analistas neoliberales, un enardecido coro de críticos y pragmáticos puso la música de fondo a millonarias trasferencias de rescate a las entidades financieras. Meses después, prolifera la resignación y el mundo financiero parece retornar al business as usual. 

El aletargamiento de la indignación, favoreció que el diario conservador alemán Frankfurter Allgemeinen Zeitung, promoviera el contraataque: invitó a personalidades a explayarse sobre «el futuro del capitalismo». Como se podía suponer, la intervención de Sloterdijk levantó ampollas. En su artículo, Sloterdijk identifica el problema actual como el «estado del impuesto». Carga las tintas contra ese «monstruo que chupa y escupe dinero». Vivimos en un «semisocialismo» de la «cleptocracia estatal», donde los «improductivos viven a costa de los productivos» y en el que «un puñado de personas de alto rendimiento paga tranquilamente más de la mitad del presupuesto nacional de los impuestos». La solución que propone Sloterdijk es la «guerra civil fiscal», la «revolución de la mano dadivosa». Los impuestos obligatorios tienen que ser sustituidos por donaciones, «regalos para la comunidad», concedidos de forma voluntaria. 

La réplica de Honneth, que apareció en Die Zeit, a las «profundidades fatales» de Sloterdijk fue contundente. Después de una crítica exhaustiva a la exitosa obra del profesor de Karlsruhe, a Honneth le basta con hacer referencia a dos valores centrales de la propia burguesía para derribar la argumentación criticada como un castillo de naipes: el mérito y la igualdad. Por un lado recuerda que el patrimonio monetario de gran parte de las clases burguesas no es resultado de méritos y esfuerzos propios, sino de herencias, vinculadas con los «enormes beneficios de la propiedad privada». Los que tienen, generalmente porque heredaron, sacan partido a su situación. Por otro lado argumenta que se trata simplemente de una cuestión de justicia democrática el «luchar por condiciones en las cuales cada ciudadano tenga las mismas posibilidades de participación». La redistribución mediante impuestos no es un acto caritativo, sino un derecho fundamental basado en la igualdad humana. 

Replicas y contrarréplicas se han publicado en prácticamente todos los grandes periódicos alemanes y algunos importantes medios europeos. La polémica no cesa. 

Unos cargan contra Honneth y sus colegas defensores del estado de bienestar, repro chándoles su frustración, infelicidad, cobardía, estancamiento y falta de humor; rechazan sus planteamientos morales y declaran su temor por los «frutos de las ganancias bien merecidas». Otros, críticos con el cinismo de Sloterdijk, aportan hechos y cifras, defienden la moralidad del estado de bienestar e insisten en una discusión sobre la ética y la solidaridad. Sólo podemos esperar no vivir en una sociedad en la que el poder fáctico del capital domine sobre la rectitud intelectual y la moral. La pregunta en torno a qué hemos aprendido de la crisis nos ha llevado a otra más radical: realmente, ¿hemos aprendido alguna cosa? A su vez, ésta cuestión nos suscita el temor de que tal vez estemos olvidando cosas fundamentales sobre el significado del Estado de Derecho y de los principios de nuestra convivencia.